Construyendo rutinas


Cuando llega septiembre las familias se tienen que volver  a adaptar a nuevas situaciones y a nuevas rutinas. El regreso a la escuela, o ir a la escuela por primera vez son procesos que requieren tiemps y una actitud positiva. Del mismo modo, padres y madres afrontan el regreso al trabajo y a las rutinas, así que toda la familia vive los cambios que supone dejar atrás las vacaciones y empezar un nuevo curso.

A continuación, y con la colaboración de la pedagoga Carolina Solivellas, os ofrecemos una serie de recomendaciones a tener presentes, que os harán más fácil el regreso

1- Mantener una actitud positiva

A pesar de que esta recomendación es válida en la totalidad de las situaciones, coge una relevancia especial en el momento en que hay un cambio por delante. Como ya sabemos, a pesar de que los niños suelen adaptarse  pronto a los cambios, también es cierto que estos pueden resultar difíciles. Nuestra actitud frente al cambio será un elemento básico e imprescindible a la hora de facilitarles la adaptación. Nuestro estado, la calma, un punto de vista sereno y positivo, saber que no todo saldrá como lo hemos planificado y aceptarlo… facilitará mucho el proceso de los pequeños y pequeñas que se fijan en cómo las persones adultas afrontan las situaciones para imitarlas y así iniciar el desarrollo de las propias habilidades para gestionar estas situaciones.

2- Dar seguridad y confianza

Es imprescindible transmitir a nuestros hijos e hijas seguridad y confianza plena en la escuela. La manera en la que hablamos del centro escolar coge una importancia capital en estos primeros días en que los cambios y las incertidumbres llenan nuestros calendarios. Así, hablar con tranquilidad, resolver dudas y mostrar ilusión por este nuevo curso que llega acompañado de nuevas aventuras y aprendizajes serán herramientas sencillas que facilitarán el proceso. Si es posible, acompañarlos en escuela los primeros días y recogerlos es una muestra de que sabemos que les hace falta un extra de seguridad y de que lo tenemos en cuenta. El camino de ida y vuelta se convertirá en una nueva oportunidad para reforzar vínculos y sentimientos de pertenencia y el momento de la despedida es uno de los que más marcarán su actitud frente a la escuela. Acompañar los niños con tiempos, explicarles lo qué pasará y facilitar el momento de la separación se convertirán en regalos que facilitarán y enriquecerán el proceso de adaptación.

Del mismo modo, es un gran momento para mostrar la confianza que tenemos en nuestros hijos e hijas. Respetar y reforzar su autonomía es una inversión que nos agradecerán toda la vida y, por lo tanto, hay que tener presentes sus tiempos antes de planificar las rutinas para que se vean capaces e independientes para afrontar con ilusión el nuevo curso.

3- Organizar un calendario de rutinas

Organizarme y organizarnos. Este tendría que ser la orden en qué cualquiera persona adulta se preparara para la llegada de cualquier cambio que afecte a la familia. Preveer y tener claras las rutinas básicas, saber cómo organizará su tiempo y, una vez clara la parte personal, implicar a los pequeños y pequeñas  en la organización familiar (siempre en la medida en que puedan participar). Facilitar que puedan ver horarios, rutinas, persona encargada de recogerlos de escuela, actividades extraescolares… ayudará a los niños a paliar la incertidumbre que acompaña los cambios y a sentir que tienen más control de la situación. Si un horario o un calendario a su alcance les generará seguridad, el hecho de haber participado activamente en la elaboración del mismo y de sentirse parte imprescindible, aumentará notablemente la motivación de cara a su cumplimiento.

4- Presentar los cambios de uno en uno

No se trata de que el primer día de escuela se pongan en marcha todas las rutinas y actividades que se llevarán a cabo durante el curso. Cualquier cambio será más accesible y fácilmente alcanzable cuanto más progresivamente lo presentamos. Lograr una nueva rutina de forma rápida no es imposible, no obstante, una adaptación gradual aumentará las probabilidades de éxito y disminuirá las posibles dificultades. Así, la recomendación es instaurar los cambios pasa a pasa atendiendo a sus reacciones y necesidades y teniendo siempre presente que nos tendremos que ir adaptando hasta encontrar las rutinas que nos faciliten el día en día como familia.

5- Cargarse de paciencia y empatía

Esta también es una recomendación válida para todas las situaciones. Cada persona se adapta a los cambios de una manera determinada y necesita un tiempo concreto y esto no es un problema si lo tenemos presente antes de empezar. De hecho, la capacidad de ser flexibles y de adaptarnos de forma constante es muy útil durante toda la vida y no tenemos que desaprovechar las oportunidades que, de forma cotidiana se nos presentan para hacer de modelos y mostrar a los niños como reflexionar, readaptarnos y reajustar los objetivos forma parte de cualquier adaptación.

Evidentemente la empatía es clave a la hora de entender y comprender las sensaciones y los sentimientos que los cambios y las nuevas situaciones generan a los pequeños de cada casa. Los cambios suelen venir cargados de incertidumbre que fácilmente se convierte en estrés y desemboca en rechazo y/o miedo. Por eso, habrá que estar disponibles y dispuestos para escuchar, hablar, buscar soluciones y, sobre todo acompañar de forma empática y paciente.

Por todo ello, hará falta que las personas adultas entendamos que el proceso de adaptación requiere un extra de energía por parte nuestra puesto que es esta la que alimentará la paciencia y la capacidad empática. No podemos exigirnos un extra de energía si antes no nos hemos preparado y, por lo tanto, es imprescindible que nos tengamos en cuenta, nos escuchemos y nos cuidemos atendiendo a las demandas que tendremos que cubrir.

¡Feliz inicio de curso!

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